Si hubiera llevado un registro de las horas que he pasado estudiando desde
bachillerato y las sumara,
posiblemente resultaría que varios años de mi vida se han ido frente a miles de folios escritos por las dos caras.
Y si ahora analizara lo que queda en mi cerebro de toda esa información que he ido metiendo,
posiblemente no hallaría más que una vaga
culturilla general y alguna cosa mínima respecto a la salud humana o la química.
El resto se evaporó, huyó de mi cabeza tan pronto como pudo. Casi siempre después de que mi
DNI apareciera en una lista con un
numerito superior al cinco, todos esos datos se creyeron libres para desaparecer para siempre, sin dejar rastro, hacia el limbo de las asignaturas aprobadas. Tan solo una frase dejaron en el lugar en el que estuvieron: ''eso tuve que
estudiármelo para ...'', nada más.
Pero hay que seguir introduciendo cosas a presión en un espacio demasiado reducido para que quepa todo, aunque sea solo
temporalmente. Aún queda mucho por aprobar (no diré aprender, por motivos obvios), por lo que sólo queda asumir que serán horas invertidas a fondo perdido.
Horas, semanas y meses sentada frente a temas y bloques. Tiempo que jamás nadie me va a devolver.
Todo por un
papelito firmado por el rey.
Tengo la impresión de no haber hecho en la vida más que estudiar, y si me paro a pensar, es verdad. La sensación de no haber vivido es cada vez mayor, y a ratos me dificulta la respiración.
Sin embargo, sé que no me queda otra, al menos por ahora.
También es cierto que no sé hacer otra cosa. Y que me gusta saber, y hay veces que lo que estudio me resulta interesante (las menos).
Y que el conocimiento nos hace más libres.
Sin embargo, en días como hoy pienso que no merece la pena esa libertad en comparación con la prisión sin barrotes que es una mesa de estudio.
Y ahora, a seguir estudiando...
[d('_')b Sonando: Todo lo demás, Andrés
Calamaro]